
Las celdas son relativamente pequeñas, con literas, aunque la mayoría son individuales, una pequeña estantería donde guardar su ropa, un wáter separado de la cama por una baja pared y una jabonera, una mini ducha de las que están obligados a cerrar las cortinas (no solo para ducharse, incluso cuando están fuera de sus celdas), un frutero donde no pueden tener más de cuatro piezas de fruta, una lámina no se de qué material que actúa de espejo...
Y precisamente, en estos dos días, ha acudido menos gente al taller por el traslado de las chicas a un nuevo módulo, donde tendrán que compartir, a partir de ahora, sus vidas con los chicos. Ha habido opiniones de todo tipo: chicas indignadas porque les han mostrado el nuevo módulo como un sitio más disciplinado, chicos encantados de compartir edificio con las chicas, chicas encantadas por ser tratadas con mucho tacto por los chicos (cosa cierta: lo que hizo un chico hoy por conseguirme una silla!), chicas enfadadas por no poder vestir con sus pantalones cortos o no poder lucir más sus camisetas escotadas... Ya iremos viendo si sus opiniones van cambiando a medida que pasa el tiempo, aunque ya sabemos que siempre se quejarán de algo, es un don del ser humano. Aunque es difícil entender que estando allí dentro sus quejas solo sean esas.
Marina.